A mediados de abril, con el jardín ya verde y las glicinias en flor, la campsis sigue siendo un manojo de ramas grises sin un solo brote. No está muerta. Brota tarde, más que casi cualquier otra trepadora caduca de las que se plantan aquí, y ese retraso hace que cada primavera se arranquen ejemplares perfectamente sanos.

Antes de dar nada por perdido, raspe con la uña la corteza de una rama joven: si debajo aparece verde, la planta está viva y saldrá cuando el suelo se caliente, normalmente entre finales de abril y mediados de mayo según la zona. A cambio de esa pereza inicial, florece cuando media rotación de plantas de jardín ya ha terminado su temporada: de julio a octubre, en pleno calor.

Qué planta es exactamente

Campsis radicans es una trepadora leñosa caduca de la familia Bignoniaceae, originaria del sureste de Estados Unidos, donde la polinizan colibríes. De ahí la forma de la flor: tubos acampanados de 6 a 8 cm de largo, de un naranja rojizo intenso, agrupados en ramilletes terminales. Las hojas son compuestas, imparipinnadas, con entre 7 y 11 folíolos dentados, lo que le da un aspecto ligero muy distinto al de la hiedra o la parra virgen. Los frutos son cápsulas alargadas, de 10 a 15 cm, llenas de semillas aladas.

Se la conoce como trompeta de Jericó, jazmín trompeta o bignonia naranja. Crece con facilidad hasta los 8 o 10 metros y con los años forma troncos que pueden superar los 15 cm de grosor, un dato que conviene tener presente al elegir el soporte.

En vivero se venden habitualmente tres cosas distintas bajo nombres parecidos:

Campsis radicans, la especie, la más rústica y también la que más rebrota de raíz. El cultivar 'Flava' es su versión de flor amarilla, algo menos vigorosa.

Campsis grandiflora, de origen chino, con flores mayores y más abiertas, menos raíces adventicias y algo más sensible al frío intenso.

Campsis × tagliabuana, híbrido entre las dos anteriores. Su cultivar 'Madame Galen', de flor asalmonada, es el más plantado en España y una elección sensata en jardín pequeño porque produce muchos menos rebrotes de raíz que la especie pura.

Campsis radicans en flor con ramilletes de flores anaranjadas

Dónde plantarla: la decisión que no se puede deshacer

Sol directo, cuanto más mejor. Con menos de cinco o seis horas diarias crece igual de bien pero florece de forma testimonial. Es la causa número uno de campsis sanas y sin flor.

La segunda decisión es el soporte, y aquí hay que ser claro: el epíteto radicans viene de sus raíces adventicias, unos crampones que se agarran a cualquier superficie porosa igual que la hiedra. Sobre un revoco pintado, un mortero de cal viejo o una fachada con junta abierta, esas raíces se meten en las fisuras y las abren. Sumado al peso de una planta adulta, que es considerable, y a su costumbre de colarse bajo las tejas del alero, la conclusión práctica es que no debe plantarse pegada a la pared de una casa. Su sitio son las pérgolas de obra o metal, los arcos, las vallas robustas, los porches con estructura de hierro o un enrejado separado unos centímetros del muro.

El tercer punto son los rebrotes de raíz. Campsis radicans emite chupones a varios metros del pie, y aparecen en el césped, entre las losas de la terraza o dentro del arriate del vecino. No es una planta que se descontrole de un año para otro, pero exige mano. En un jardín pequeño, plantarla dentro de un contenedor sin fondo enterrado o con una barrera antirraíces ahorra disgustos; en una zona de césped, la siega se encarga sola de los brotes. Si el sitio es delicado, elija 'Madame Galen'.

Suelo, riego y abonado

De suelo no es exigente. Vive en terrenos pobres, pedregosos y calizos, que es lo que hay en buena parte del interior peninsular, y lo único que no perdona es el encharcamiento prolongado. Un hoyo amplio, tierra del sitio mejorada con un poco de compost y drenaje asegurado bastan.

El riego se plantea en dos fases. Los dos primeros veranos, mientras el sistema radicular se instala, riegos abundantes y espaciados: mejor 30 o 40 litros una vez por semana que un poco todos los días, porque lo que interesa es que la raíz baje. A partir del tercer año es una planta francamente resistente a la sequía; en clima mediterráneo, un riego profundo cada diez o quince días en julio y agosto mantiene la floración larga y evita que las flores se caigan a medio abrir.

Con el abono, prudencia. El exceso de nitrógeno es enemigo directo de la floración: da brotes de dos metros, hoja espléndida y ningún ramillete. Nada de fertilizante de césped ni de universal a dosis alegres cerca de ella. Con una aportación de compost maduro al pie en otoño y, si acaso, un abono rico en potasio a la salida del invierno, va sobrada.

La poda, que es el cuidado que de verdad decide

La campsis florece en la madera del año, en el extremo de los brotes que emite esa misma primavera. Todo lo demás se deriva de ahí.

La poda se hace al final del invierno, entre febrero y primeros de marzo, con la planta desnuda y perfectamente visible. El sistema es el mismo que se usa en la parra: se mantiene un armazón permanente de dos, tres o cuatro brazos conducidos por el soporte, y cada año se recortan los crecimientos de la temporada anterior dejando muñones de dos o tres yemas sobre ese armazón. Con el tiempo, esos puntos engordan y forman pulgares leñosos de los que sale la brotación nueva.

Parece una poda brutal la primera vez que se hace: se retiran metros y metros de rama. Es exactamente lo que la planta necesita. Sin ese recorte anual, la campsis se desnuda por abajo, acumula madera vieja improductiva y traslada la floración a la parte más alta, donde no se ve. La regla es sencilla: la flor está donde estén los brotes jóvenes, y los brotes jóvenes salen de donde se cortó.

En verano no se poda de fondo. Sí se pueden despuntar los brotes larguísimos que se escapan hacia el tejado o hacia el paso, y conviene retirar chupones de la base y cualquier rama seca. Lo que no debe hacerse es un recorte general en abril, mayo o junio: se estarían cortando precisamente los brotes que iban a dar la flor de julio.

Póngase guantes. La savia de la campsis provoca dermatitis de contacto en personas sensibles, y en su tierra de origen la llaman por eso cow itch vine.

Campsis radicans de flor amarilla, cultivar Flava

Por qué una campsis no florece

Es la consulta habitual sobre esta planta, y las causas son casi siempre estas cuatro, por orden de frecuencia:

Es joven todavía. Un ejemplar obtenido de semilla puede tardar de cuatro a siete años en dar la primera flor. Los procedentes de esqueje o injerto de un cultivar florecen en dos o tres. Si compró una planta pequeña sin nombre de cultivar y sin flor, es probable que solo haya que esperar.

Le falta sol. Sea porque se plantó en una orientación norte, sea porque el árbol de al lado ha crecido y ahora la sombrea a mediodía.

Sobra nitrógeno. Suelo demasiado rico, abonado frecuente o proximidad a un césped que se fertiliza a menudo.

Se poda cuando no toca. Un repaso de tijera en primavera avanzada elimina la floración entera de ese año.

El frío no suele estar en la lista: Campsis radicans resiste sin problema los -15 °C y aguanta bastante por debajo, de modo que en la meseta y en zonas frías del interior se comporta mejor que muchas trepadoras mediterráneas. Además, agradece los veranos calurosos y secos, cosa que no puede decirse de buena parte de su competencia.

Plagas, problemas y multiplicación

Es una planta sana. El único visitante frecuente es el pulgón, que se concentra en los brotes tiernos y en los botones florales, casi siempre con hormigas subiendo por el tronco a cuidarlos; un par de tratamientos con jabón potásico al detectarlo bastan. De forma más ocasional aparecen cochinillas en la madera vieja de ejemplares muy densos, que es otro argumento a favor de la poda anual. Enfermedades fúngicas, pocas: algún oídio en otoños húmedos, sin consecuencias.

Un detalle que sorprende: es habitual encontrar las flores perforadas por la base del tubo. Son abejorros carpinteros (Xylocopa), demasiado grandes para entrar por la boca de la corola, que la agujerean por fuera para robar el néctar. No daña a la planta.

Multiplicarla es sencillo. Los esquejes semileñosos de julio o agosto, de 15 cm, con hormona de enraizamiento y sustrato arenoso, agarran bien. Todavía más fácil: desenterrar en invierno uno de esos chupones de raíz que aparecen a distancia, con su trozo de raíz, y plantarlo directamente donde se quiera. También admite acodo por su tendencia natural a emitir raíces en los nudos que tocan el suelo.

En cubierto y en maceta

Se puede cultivar en contenedor, con condiciones. Hace falta un recipiente grande, de 50 litros para arriba, riegos regulares en verano porque en maceta la sequía deja de ser tolerable, y la misma poda invernal a pulgares. La planta será más contenida y florecerá menos que en suelo, pero es una salida razonable en una terraza con pérgola donde no hay tierra ni sitio para sus raíces corredoras. Cada tres o cuatro años conviene renovar el sustrato de la capa superficial y recortar raíces si el cepellón se ha compactado.

En resumen

La Campsis radicans pide sol pleno, un soporte fuerte que no sea la fachada de casa, suelo drenado sin pretensiones y riegos generosos solo los dos primeros veranos. A cambio da flor de julio a octubre y aguanta fríos de -15 °C. El cuidado que marca la diferencia es la poda de febrero, dejando pulgares de dos o tres yemas sobre un armazón permanente, porque florece en madera del año y sin ese recorte la flor se marcha hacia arriba y se pierde. Hay que contar además con dos peajes: los rebrotes de raíz, más llevaderos si se elige 'Madame Galen' o se instala una barrera, y las raíces adventicias, que estropean revocos y morteros. Y en primavera, paciencia: que en abril siga pelada no significa nada.


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