Bajo el nombre de jazmín se venden en los viveros españoles al menos seis plantas distintas, y dos de ellas ni siquiera pertenecen al género Jasminum. Esa confusión no es un detalle de aficionado: de la especie que tengas dependen la resistencia al frío, la época de floración y, sobre todo, cuándo puedes podar sin quedarte sin flores. Por eso conviene empezar por identificar qué hay plantado junto a la pared antes de decidir nada más.

Qué es realmente un jazmín

El género Jasminum pertenece a la familia de las oleáceas, la misma que el olivo, el aligustre y la lila. Son arbustos de tallos largos y flexibles que trepan enroscándose, no agarrándose. Es la primera consecuencia práctica: un jazmín no sube por una pared lisa. Necesita alambres tensados, una celosía, una reja o el propio ramaje de otro arbusto donde enredarse. Plantarlo al pie de un muro desnudo esperando que se pegue solo es el error más frecuente y el más fácil de evitar.

Las especies que se cultivan aquí con más frecuencia son estas:

Jasminum officinale, el jazmín común o jazmín blanco. De hoja caduca o semipersistente según el invierno, flores blancas muy perfumadas de junio a septiembre y una notable resistencia al frío: aguanta sin problema los -10 °C y, bien establecido, algo más. Es el más adecuado para el interior peninsular y para toda la mitad norte.

Jasminum polyanthum, de origen chino, perenne, con capullos rosados que abren en flor blanca. Florece a finales del invierno y en primavera, entre febrero y abril, lo que lo hace muy vistoso en una época en que hay poco más. A cambio es sensible: por debajo de -2 o -3 °C se quema. Es el que se vende en macetas pequeñas y en plena flor durante el invierno, con las ramas enrolladas en un aro de alambre.

Jasminum grandiflorum, el jazmín real o jazmín de España, el de mayor tamaño de flor y el que se ha usado tradicionalmente en perfumería. Es friolero: por debajo de los -2 °C sufre, así que en el interior necesita una pared abrigada al sur o cultivo en maceta con resguardo invernal.

Jasminum sambac, el jazmín de Arabia, con flores redondeadas de aroma intenso y a menudo dobles. Es tropical y no tolera el frío. En España se comporta como planta de terraza en verano y de interior luminoso en invierno, salvo en la costa mediterránea más cálida y en Canarias.

Jasminum nudiflorum, el jazmín de invierno. Este rompe el molde: pierde la hoja, da flores amarillas entre diciembre y febrero sobre ramas desnudas, no huele y resiste el frío mucho mejor que el resto, incluso -15 °C. Tampoco se enrosca; es un arbusto de ramas colgantes que hay que atar si se quiere en vertical, y queda muy bien cayendo sobre un muro de contención.

Y ahora los dos impostores. El jazmín estrella o falso jazmín (Trachelospermum jasminoides) es probablemente la trepadora más plantada en España bajo el nombre de jazmín, y no es una oleácea sino una apocinácea: hoja perenne y coriácea, flores blancas de cinco pétalos en mayo y junio, savia lechosa y una resistencia al frío superior a la de casi todos los jazmines verdaderos. El jazmín de noche o dama de noche (Cestrum nocturnum) es una solanácea de flores tubulares verdosas que perfuman a partir del anochecer. Ninguno de los dos responde igual a la poda ni al frío que un Jasminum, y de ahí buena parte de los consejos contradictorios que circulan.

Flores blancas de Jasminum officinale, el jazmín común

Dónde plantarlo

Los jazmines florecen en proporción directa a la luz que reciben. A pleno sol dan el máximo de flor; a media sombra vegetan bien pero florecen a medias; en sombra franca hacen ramas largas y verdes y poco más. En la cornisa cantábrica, Galicia y toda la mitad norte, sol directo sin reservas. En el valle del Guadalquivir, Extremadura o el interior manchego, lo razonable es sol de mañana y algo de sombra a partir de las tres de la tarde en julio y agosto, porque el sol de poniente sobre una pared blanca deshidrata la hoja más deprisa de lo que la raíz puede reponer.

Hay un factor que se pasa por alto: el aroma se emite sobre todo al atardecer y durante la noche. Es una adaptación a los polinizadores nocturnos, y significa que un jazmín plantado en el fondo del jardín se desperdicia. Colócalo junto a la puerta, bajo una ventana que se abra en verano o en el perímetro de la zona de estar. La diferencia entre disfrutarlo y no enterarte de que ha florecido son cuatro metros.

Protégelo también de los vientos secos y fríos. Un jazmín en una esquina expuesta al norte de una casa en Soria o en Ávila no se congela: se seca, que es distinto y más frecuente.

Suelo y plantación

No son exigentes con el tipo de suelo mientras drene bien. Prefieren tierras francas, fértiles y ligeramente ácidas a neutras, pero toleran la caliza mucho mejor que otras trepadoras ornamentales. En suelos arcillosos y compactos conviene abrir un hoyo generoso, de unos 50 x 50 cm, y mezclar la tierra extraída con compost maduro y un puñado de arena gruesa o grava fina para mejorar la estructura. Lo que no soportan es el encharcamiento prolongado: la asfixia radicular mata más jazmines que las heladas.

La mejor época para plantar en casi toda España es el otoño, de octubre a noviembre, cuando el suelo aún guarda calor y las lluvias ayudan a enraizar antes del verano siguiente. En zonas de invierno duro es preferible esperar a marzo, ya pasado el riesgo de heladas fuertes, para las especies delicadas.

Separa la planta unos 20 o 30 cm de la pared. Pegado al muro, el sustrato queda a la sombra de la cornisa, no le llega el agua de lluvia y la raíz se seca sin que te des cuenta. Coloca el soporte antes de plantar, no después, y guía los primeros tallos en abanico y con cierta horizontalidad: las ramas conducidas casi horizontales brotan y florecen a lo largo de todo su recorrido, mientras que las verticales concentran la flor en la punta y dejan la base desnuda.

Riego

Un jazmín recién plantado necesita riegos regulares durante los dos primeros veranos, cada tres o cuatro días si aprieta el calor, hasta que la raíz explore un volumen de suelo suficiente. A partir del tercer año, un ejemplar de J. officinale plantado en el suelo se sostiene en el interior peninsular con un riego semanal profundo en verano y prácticamente ninguno el resto del año.

En maceta la cosa cambia por completo. El sustrato de un contenedor se seca en un día de julio, y el jazmín en tiesto puede pedir agua a diario en pleno verano y solo cada diez o quince días en invierno. La regla útil es meter el dedo tres centímetros: si está seco a esa profundidad, riega abundantemente hasta que salga agua por el desagüe, y vacía el plato a los diez minutos. El agua estancada en el plato es la vía más rápida a la podredumbre de raíz.

Ojo con el agua muy caliza en maceta: no daña tanto al Jasminum como al falso jazmín, pero a la larga alcaliniza el sustrato y aparece clorosis férrica, esas hojas amarillas con los nervios marcados en verde. Se corrige con un quelato de hierro y, sobre todo, cambiando el sustrato cada dos o tres años.

Abonado

La pauta que mejor funciona es sencilla: materia orgánica en otoño y abono mineral en temporada. Un par de kilos de compost o de estiércol bien hecho extendidos alrededor del pie en noviembre cubren buena parte de las necesidades del año.

Durante el periodo de crecimiento, de marzo a septiembre, un abono líquido para plantas de flor cada quince o veinte días en las plantas en maceta, y uno granulado de liberación lenta en primavera para las plantadas en tierra. Elige fórmulas con más potasio que nitrógeno. El exceso de nitrógeno es el motivo habitual de que un jazmín sano y frondoso no dé una sola flor: la planta gasta todo en hoja y tallo. Si tu jazmín está pegado a un césped que abonas con frecuencia, es muy probable que ese sea el problema.

Suspende el abonado en octubre. Los brotes tiernos forzados a destiempo llegan sin agostar al primer frío y son los primeros en helarse.

La poda: el punto donde se pierden las flores

Aquí es donde importa saber la especie, porque no todos florecen sobre la misma madera.

J. polyanthum y J. nudiflorum florecen sobre la madera del año anterior. Los capullos se forman durante el verano y el otoño y esperan al invierno o a la primavera para abrir. Si podas en otoño o en invierno, estás cortando exactamente las yemas de flor. Estos dos se podan inmediatamente después de florecer: el polyanthum en abril o mayo, el nudiflorum en marzo. Ese momento les deja toda la temporada para producir la madera nueva que florecerá al año siguiente.

J. officinale, J. grandiflorum y J. sambac florecen sobre los brotes que emiten en primavera. A estos les va bien una poda al final del invierno, en febrero o principios de marzo, que además permite aprovechar para aclarar y renovar. Un repaso ligero tras la floración, retirando lo que ha florecido, mantiene la planta compacta.

En cualquiera de los casos, la poda anual consiste en: eliminar la madera seca, dañada o helada; suprimir los tallos que se cruzan y se enredan entre sí; aclarar el interior para que entren aire y luz, porque una maraña densa favorece hongos y cochinillas; y acortar un tercio de los tallos más viejos a ras de suelo cada dos o tres años, que es lo que evita que el jazmín acabe convertido en un ovillo leñoso, pelado por abajo y con verde solo en el remate.

Los jazmines toleran bien la poda severa. Una planta abandonada durante años se puede rejuvenecer cortando toda la estructura a 40 o 60 cm del suelo a final de invierno. Rebrotará con fuerza, aunque hay que asumir que ese año no habrá floración o será mínima. Usa siempre tijeras limpias y afiladas: los cortes desgarrados son puerta de entrada para hongos de madera.

Jasminum polyanthum en flor, con capullos rosados

Multiplicación

Es una de las trepadoras más agradecidas de reproducir, y hay dos vías fáciles.

Esquejes semileñosos en verano, de junio a agosto. Corta trozos de 10 a 15 cm de brotes del año que ya empiecen a endurecerse, quita las hojas de la mitad inferior, moja la base en hormonas de enraizamiento y clávalos en una mezcla a partes iguales de turba y perlita. Mantén el sustrato húmedo y el ambiente cerrado, con una bolsa transparente o un miniinvernadero, a la sombra. En cuatro o seis semanas suelen haber emitido raíz.

Acodo, aún más sencillo y con mayor porcentaje de éxito. En primavera, dobla un tallo largo hacia el suelo, entiérralo unos centímetros en un punto donde haya un nudo —conviene raspar ligeramente la corteza en ese punto— y sujétalo con una piedra o un gancho de alambre. En unos meses habrá enraizado, y en el otoño siguiente puedes separarlo de la planta madre. Como el tallo sigue alimentado por la planta, prácticamente no falla.

La semilla funciona en algunas especies, pero tarda años en dar flor y, en las variedades seleccionadas, la descendencia no repite las características de la madre. No merece la pena salvo por curiosidad.

Plagas y problemas habituales

Pulgón. Aparece en abril y mayo sobre los brotes tiernos y las yemas florales, que deforma. Un chorro de agua a presión o una aplicación de jabón potásico bastan si se coge pronto. Ten en cuenta que la presencia de hormigas subiendo por los tallos casi siempre delata una colonia de pulgón arriba.

Araña roja. El enemigo del verano seco y de las plantas junto a paredes que irradian calor. Provoca un punteado amarillento fino y telarañas muy tenues en el envés. Se combate subiendo la humedad ambiental, pulverizando el envés de las hojas al atardecer y, si va a más, con un acaricida específico. No es un insecto, así que los insecticidas generales no le hacen nada.

Cochinilla algodonosa. Bolitas blancas algodonosas en las axilas de las hojas y en las cruces de ramas, típicas de plantas muy densas y poco ventiladas. Se retiran con un bastoncillo mojado en alcohol si son pocas, y con aceite de parafina o jabón potásico si están extendidas. Aclarar el interior con la poda es la mejor prevención.

Hojas amarillas. Distingue el patrón. Amarillo entre los nervios con los nervios verdes es clorosis férrica por exceso de cal o riego con agua dura. Amarillo generalizado con hoja blanda y caída es exceso de agua. Amarillo en las hojas viejas de la base en otoño, en J. officinale, es simplemente que es semicaduco y está haciendo lo que le toca.

No florece. Por orden de probabilidad: poda en el momento equivocado, exceso de nitrógeno, falta de sol o planta demasiado joven. Un jazmín plantado el año pasado puede tardar dos o tres temporadas en dar una floración de verdad.

El invierno

La resistencia al frío es lo que decide si un jazmín es una planta permanente de jardín o un huésped de temporada. J. nudiflorum y J. officinale pasan el invierno sin ayuda en casi toda la Península. J. grandiflorum, J. polyanthum y J. sambac necesitan protección en cuanto se sale de la franja litoral templada.

Para las especies delicadas plantadas en el suelo, un acolchado de 8 o 10 cm de paja, corteza o restos de poda triturados sobre la base aísla el cuello y las raíces; aunque la parte aérea se queme, la planta rebrota desde abajo. Un velo de invernada sobre la estructura ayuda en episodios puntuales de helada. En maceta, lo más eficaz es arrimarlas a una pared orientada al sur, que devuelve por la noche el calor acumulado de día, y envolver el tiesto —no la planta— con plástico de burbujas, porque en un contenedor el cepellón se congela mucho antes que el suelo del jardín.

Si metes un J. polyanthum en casa, no lo pongas junto a un radiador. Necesita una habitación fresca, entre 8 y 15 °C, y mucha luz. En el calor seco de un salón calefactado suelta los capullos sin abrirlos y se llena de araña roja, que es el final habitual de las plantas que se regalan en flor en enero.

En resumen

Empieza por identificar tu jazmín, porque de la especie dependen la fecha de poda y la resistencia al frío, que son las dos decisiones que de verdad importan. Dale sol, un soporte donde enroscarse y un suelo que drene, y plántalo cerca de donde vayas a estar por la tarde, que es cuando huele. Riega con regularidad los dos primeros veranos y con moderación después, abona con más potasio que nitrógeno de marzo a septiembre y para en otoño. Poda después de la floración a J. polyanthum y J. nudiflorum, y a finales de invierno a J. officinale y J. grandiflorum; en ambos casos, aclara el interior y renueva algún tallo viejo cada año para que no se apelmace. Vigila pulgón en primavera y araña roja en verano. Y si el tuyo resulta ser un Trachelospermum jasminoides, ya sabes que ni es un jazmín ni sigue del todo estas reglas, aunque resista el frío mejor que ellos.


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