Es la trepadora en flor que más se vende en España a partir de abril y la que más se tira a la basura en diciembre. La Mandevilla sanderi tiene una floración larguísima, colores intensos y un porte manejable, pero se compra casi siempre como si fuera una planta de temporada. No lo es: bien tratada, una mandevilla dura años y cada verano florece más que el anterior. Todo depende de dos cosas que casi nadie hace: entrarla antes de la primera helada y podarla a final de invierno.

Planta trepadora Mandevilla sanderi con flores rojas

De dónde viene y por qué eso importa

Mandevilla sanderi es una apocinácea originaria del sureste de Brasil, concretamente de la Mata Atlántica del estado de Río de Janeiro. Vive allí como liana de borde de bosque, en un clima subtropical húmedo: temperaturas suaves todo el año, sin heladas, humedad ambiental alta y luz abundante pero filtrada por la vegetación circundante.

Ese origen explica casi todo su comportamiento en nuestros jardines. Explica por qué no soporta el frío, por qué sufre con el aire seco de un piso con calefacción, por qué se quema con el sol de julio en Córdoba y por qué agradece un sustrato que retenga humedad sin encharcarse. Cuando algo le falla, la pregunta útil es siempre la misma: ¿en qué se parece o se diferencia esto de un borde de bosque brasileño?

Mandevilla o dipladenia: la confusión del vivero

En los centros de jardinería encontrarás dos etiquetas distintas y precios diferentes para plantas que parecen primas hermanas. Conviene aclararlo, porque circula mucha información equivocada.

Botánicamente, dipladenia no existe como género válido. Dipladenia fue un nombre que se usó en el siglo XIX y que hoy está sinonimizado dentro de Mandevilla. Todas las «dipladenias» del mercado son mandevillas.

Lo que sí existe es una distinción comercial práctica que vale la pena conocer. Se suele llamar dipladenia a los cultivares de porte más compacto y ramificado, con hoja más pequeña, brillante y de aspecto lacado, que se comportan más como arbustos colgantes y son ideales para jardineras y balcones. Se reserva el nombre de mandevilla para los cultivares de porte francamente trepador, tallos largos volubles y hoja mayor, algo más rugosa y mate, que necesitan un obelisco o una celosía.

Si compras para una jardinera de balcón, quieres el tipo «dipladenia». Si quieres cubrir un arco o una celosía de dos metros, quieres el tipo «mandevilla». Es la única decisión que realmente cambia el resultado.

Cómo es la planta

Es una trepadora voluble: los tallos se enrollan por sí solos alrededor de cualquier soporte fino. No tiene zarcillos ni raíces adherentes, así que no sube por una pared lisa. Necesita algo delgado donde enroscarse: un obelisco, una caña, un alambre, una malla. Este es un error frecuente, plantarla al pie de un muro esperando que lo cubra.

Las hojas son opuestas, ovadas u oblongas, coriáceas, de un verde oscuro brillante, de entre 5 y 12 cm según el cultivar. Es perenne, siempre que no pase frío.

La flor es lo que justifica la planta: corolas en forma de trompeta de 5 a 8 cm de diámetro, con cinco lóbulos que se abren en plano y una garganta habitualmente amarillenta. Los cultivares cubren toda la gama del rojo carmín, el rosa fucsia, el rosa pálido, el blanco puro y, más recientemente, tonos albaricoque y amarillos suaves. Aparecen en pequeños racimos axilares de forma casi continua desde mayo hasta octubre, y en la costa mediterránea o Canarias pueden estirarse hasta noviembre.

Al cortar cualquier parte de la planta segrega un látex blanco, característico de las apocináceas. Es irritante para la piel y las mucosas y tóxico por ingestión. Poda con guantes y no la dejes al alcance de un perro o un gato que mordisquee plantas.

Flores grandes de color rojo rosado de la mandevilla

Luz y ubicación

Necesita mucha luz para florecer pero no aguanta bien el sol directo del mediodía en verano en climas continentales o del sur. La combinación ideal en España es sol de mañana y sombra a partir de las dos de la tarde: una terraza orientada al este, un patio con sombra parcial, el lado de levante de un porche.

En la cornisa cantábrica y en zonas de verano suave puede ir a pleno sol sin problema. En Madrid, Sevilla, Zaragoza o Murcia, el sol de las tres de la tarde en agosto le decolora la hoja y le quema el borde de los pétalos, que se vuelven papel translúcido en cuestión de horas.

El síntoma inverso también es claro: una mandevilla con pocas flores, entrenudos largos y tallos que se estiran buscando la luz está en un sitio demasiado oscuro. Con menos de cuatro o cinco horas de luz intensa, no florece.

Temperatura e invernada

Este es el punto crítico y el que determina si tu planta llega a un segundo año.

La mandevilla empieza a sufrir por debajo de 10 °C, se para por completo cerca de los 7 °C y muere con la primera helada. No hay variedad resistente al frío, por mucho que la etiqueta diga «rústica».

En la franja litoral mediterránea, el sur de Andalucía y Canarias, donde las heladas son excepcionales, puede quedarse fuera todo el año, incluso plantada en tierra, y con los años forma una liana considerable. En el resto de la Península hay que entrarla en otoño.

La invernada correcta es sencilla: en octubre, antes de que las mínimas bajen de 10 °C, pódala a la mitad para que ocupe menos y métela en un sitio luminoso y fresco, entre 12 y 15 °C: un invernadero frío, una galería acristalada sin calefacción, un porche cerrado, incluso un garaje con ventana. Reduce el riego a una vez cada dos o tres semanas, lo justo para que no se seque del todo, y suspende el abonado. Perderá parte de la hoja: es normal, no la des por muerta.

El error habitual es meterla en el salón junto al radiador. Ahí tiene calor pero poca luz y aire muy seco, sigue vegetando débilmente y acaba llena de araña roja en enero. Es mejor un lugar fresco y luminoso donde se pare del todo.

En marzo la sacas de nuevo, aumentas el riego progresivamente y en tres semanas empieza a brotar.

Sustrato, riego y abonado

Sustrato. Un sustrato universal de calidad mezclado con un 25-30 % de perlita o arena gruesa funciona perfectamente. Lo que necesita es que drene rápido pero conserve algo de humedad. La maceta, con agujeros, y sin plato con agua estancada debajo.

Riego. En pleno verano, dos o tres veces por semana en maceta de tamaño medio; en primavera y otoño, una vez por semana. La regla que no falla: mete el dedo dos centímetros en el sustrato y riega cuando notes esa capa seca. Riega a fondo, hasta que salga agua por abajo, y vacía el plato a los diez minutos.

Cuidado con el agua de grifo. Es el problema más frecuente de esta planta en buena parte de España. Un agua dura y calcárea le sube el pH del sustrato y le bloquea la absorción de hierro. El resultado es una clorosis férrica inconfundible: hojas nuevas amarillas con las nerviaciones marcadas en verde. Se corrige con quelato de hierro disuelto en el riego y, sobre todo, usando agua de lluvia o agua embotellada de baja mineralización siempre que puedas. Un chorrito de vinagre o de zumo de limón por litro también ayuda a bajar el pH del agua.

Abonado. De abril a septiembre, un fertilizante líquido para plantas de flor cada 15 días, o uno de liberación lenta en primavera. Interesa que sea rico en potasio y no muy alto en nitrógeno: el nitrógeno en exceso produce una planta enorme, verde y sin una sola flor. Si la tuya está espléndida de hoja y no florece, revisa el abono antes que la luz.

Poda: la clave de la floración

Aquí está el dato que más rendimiento da y que menos se aplica: la mandevilla florece sobre los brotes del año en curso. Es decir, cuanta más brotación nueva provoques en primavera, más flores tendrás.

La poda se hace a finales de invierno, entre febrero y principios de marzo, justo antes de que arranque. Rebaja los tallos entre un tercio y la mitad de su longitud, cortando siempre por encima de un par de yemas, y elimina toda la madera seca, débil o enmarañada. Si la planta está muy vieja y desnuda por abajo, puedes ser mucho más drástico: rebrota bien desde la base.

Una planta que nunca se poda acaba con todos los tallos largos, pelados en la parte inferior y con cuatro flores en las puntas, a dos metros de altura. Es exactamente el aspecto que tienen las mandevillas de tercer año que nadie ha tocado.

Durante la temporada, un pellizco en las puntas de los brotes jóvenes en mayo fuerza la ramificación y multiplica los puntos de floración. Retirar las flores marchitas no es imprescindible, pero mejora el aspecto.

Multiplicación

Por esqueje de tallo, entre mayo y julio. Corta trozos de 8-10 cm de brote semileñoso, con dos o tres nudos, justo por debajo de un nudo. Deja que el látex escurra un minuto y lava el corte con agua, porque si se seca formando un tapón dificulta el enraizamiento.

Quita las hojas inferiores, moja la base en hormona de enraizamiento y planta en una mezcla de turba y perlita a partes iguales. Necesita calor de fondo, entre 22 y 25 °C, y alta humedad ambiental: una bolsa transparente sobre la maceta o un miniinvernadero. Enraíza en cuatro a seis semanas. Sin calor de fondo, el porcentaje de éxito cae mucho, así que en la Península interesa hacerlo en pleno verano.

Plagas y problemas frecuentes

Araña roja. Su plaga número uno, sobre todo en interior y durante la invernada. Punteado amarillo fino en el haz, telaraña en el envés y hojas que caen. Es un ácaro de ambientes secos y cálidos: pulveriza agua sobre el envés con regularidad y, si está instalado, trata con aceite de neem o un acaricida específico repitiendo a los siete días.

Pulgón. En los brotes tiernos de primavera. Fácil de controlar con jabón potásico.

Mosca blanca. Frecuente en terrazas resguardadas y bajo plástico. Trampas cromáticas amarillas y jabón potásico en el envés.

Cochinilla algodonosa. Se esconde en las axilas de las hojas y en los enredos de tallos. Se retira con un bastoncillo mojado en alcohol.

Hojas amarillas que caen. Si son las de abajo y el sustrato está siempre húmedo, es exceso de riego y probable podredumbre de raíz. Si son las nuevas y están amarillas con nervios verdes, es clorosis por agua caliza. Si amarillean de golpe tras un cambio de sitio o una bajada de temperatura, es estrés y suele recuperarse sola.

No florece. Por orden de probabilidad: poca luz, exceso de nitrógeno, falta de poda invernal o maceta demasiado grande, que la lleva a invertir todo en raíz y hoja.

En resumen

Mandevilla sanderi es una liana brasileña de flor grande y floración muy larga, que en España funciona sobre todo como planta de maceta en terraza y balcón. Dale sol de mañana y sombra por la tarde, un soporte fino donde enroscarse, riego regular sin encharcar y abono rico en potasio cada quince días de abril a septiembre.

Las dos operaciones que la convierten en una planta perenne y no en un gasto anual son la invernada en un sitio luminoso y fresco a 12-15 °C antes de la primera helada y la poda de un tercio a finales de invierno, que es la que provoca los brotes nuevos sobre los que va a florecer. Si además la riegas con agua de lluvia y le das quelato de hierro cuando amarillee, tendrás la misma planta en flor durante muchos veranos.


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