Una trepadora bien elegida resuelve en tres años lo que ninguna obra resuelve barato: tapar una medianera, dar sombra a una terraza a poniente, ganar intimidad frente al vecino o convertir una valla metálica en un seto. El problema es que casi siempre se elige por la foto de la etiqueta, y ahí es donde se tuercen las cosas. Estas diez especies funcionan bien en clima templado español, pero cada una pide un soporte, una exposición y un nivel de mantenimiento distintos.
Antes de elegir: qué significa «perenne»
Conviene deshacer un equívoco que causa muchas decepciones. En jardinería, perenne significa que la planta vive varios años, en oposición a anual o bienal. De hoja perenne o siempreverde significa otra cosa distinta: que no se queda desnuda en invierno.
Una trepadora puede ser perenne y perder toda la hoja en noviembre, como el jazmín de invierno. Y una planta puede parecer perenne en Málaga y comportarse como anual en Soria. Cuando alguien busca «trepadora perenne» casi siempre quiere decir «que tape todo el año», y para eso solo sirve una parte de esta lista.
De las diez que vienen a continuación, las auténticamente siempreverdes en la mayor parte de España son el traquelospermo, la hiedra y el plumbago en litoral; el solano y la madreselva mediterránea son semipersistentes según la zona; y la akebia, el jazmín de invierno, la pasionaria y la campanilla se quedan desnudas o casi en las regiones frías.
Antes de elegir: cómo trepa cada una
Este es el otro punto que decide el éxito de la plantación, y es puramente mecánico. Hay cuatro sistemas y no son intercambiables.
Raíces adventicias. La hiedra. Se pega directamente al muro sin ayuda. Es la única de esta lista capaz de subir sola por una pared lisa.
Tallos volubles. Akebia, campanilla, madreselva, jazmines, solano. El tallo se enrosca en espiral alrededor de algo delgado: un alambre, un tubo fino, una malla, una caña. No se enroscan en un pilar de 30 cm ni en una pared.
Zarcillos. La pasionaria. Filamentos que se agarran a cualquier cosa fina que toquen. Perfecta para malla de simple torsión o celosía.
Sarmentosas de apoyo. Plumbago y jazmín de invierno. En realidad no trepan: son arbustos de ramas largas y flexibles que en la naturaleza se apoyan en otros arbustos. Si las quieres verticales, hay que atarlas a un soporte. Es el motivo por el que tanta gente se queja de que «su plumbago no sube».
1. Akebia
Akebia quinata, de Japón, Corea y China, es una liana voluble poco conocida en España y sorprendentemente adaptable. Alcanza entre 4 y 8 metros y forma un follaje ligero de hojas compuestas por cinco folíolos redondeados, semipersistente en clima suave y caduca donde hiela con fuerza.
Su interés está en la floración de marzo y abril: racimos colgantes de flores color chocolate y malva, con un aroma dulce a vainilla que se nota a varios metros. Si tienes dos ejemplares de clones distintos y hay polinización cruzada, produce unos frutos ovoides violáceos de pulpa blanca comestible, aunque bastante insípida.
Aguanta hasta -15 °C, prospera a pleno sol o en media sombra y prefiere suelo fresco y algo ácido. Su único defecto es el vigor: en zonas húmedas del norte crece más de lo que se espera y hay que rebajarla después de la floración.
2. Campanilla morada
Aquí hay que hacer una precisión importante, porque bajo el nombre de campanilla se venden plantas de comportamiento opuesto.
Ipomoea purpurea e Ipomoea tricolor, las que se compran en sobre de semillas, son anuales en casi toda España. Germinan en abril, alcanzan 3 metros en un verano, florecen a lo bestia de julio a octubre y mueren con el frío. Se resiembran solas y por eso parece que son perennes, pero cada año es una planta nueva.
La verdadera campanilla perenne es Ipomoea indica, de flor azul violeta intenso, con base leñosa, que en el litoral mediterráneo, Andalucía y Canarias vive muchos años y florece prácticamente todo el año. Es espectacular y crece a una velocidad difícil de creer. También es invasora declarada en varias zonas costeras españolas, especialmente en Canarias y en la cornisa cantábrica, donde ahoga la vegetación de riberas y taludes. Si vives cerca de un espacio natural, mejor no la plantes.
En ambos casos, las flores duran un solo día: abren al amanecer y se cierran al mediodía. Compensan con cantidad. Las semillas contienen alcaloides y son tóxicas.
3. Hiedra
Es la trepadora perenne por antonomasia y la única que resuelve el problema difícil: cubrir en sombra profunda. Bajo un pino o en una pared orientada al norte, donde nada más prospera, la hiedra forma un manto verde permanente.
En España se cultivan sobre todo Hedera helix, la hiedra común, Hedera hibernica, la hiedra del Atlántico, de hoja mayor y más vigorosa y nativa del noroeste peninsular, y Hedera canariensis, de hoja muy grande y brillante, más sensible al frío pero excelente en litoral.
Sube sola por cualquier superficie gracias a sus raicillas adherentes. Sobre un muro sano no causa daño estructural y de hecho amortigua la temperatura de la fachada; sobre un muro con grietas o mortero de cal disgregado, sí acelera el deterioro. No la pongas nunca sobre madera pintada ni la dejes entrar bajo las tejas.
Poda a finales de invierno, tolera cualquier suelo y aguanta bien la sequía una vez establecida. Todas sus partes son tóxicas por ingestión y la savia puede provocar dermatitis: usa guantes.
4. Jazmín de invierno
Jasminum nudiflorum, chino, es la excepción rara de esta lista: florece en pleno invierno, entre diciembre y marzo, con flores amarillas de seis pétalos que salen sobre ramas completamente desnudas. No huele —a diferencia de lo que muchos esperan de un jazmín—, pero es de las poquísimas plantas que aportan color en enero.
Es caduco, aunque sus tallos verdes y angulosos mantienen aspecto vivo todo el invierno. Y no es trepador de verdad: forma largas varas arqueadas que hay que atar a un soporte o dejar caer en cascada sobre un muro, un talud o un murete, que es donde mejor queda.
Resiste -15 °C sin inmutarse, tolera media sombra, suelos pobres y calizos, y prácticamente no tiene plagas. La poda es la única operación que pide: justo después de florecer, en marzo, rebajando los tallos que ya han florecido, porque florece sobre la madera del año anterior. Si lo podas en otoño, te quedas sin flores.
5. Jazmín real
Jasminum grandiflorum, el jazmín real, morisco o de España, es el de la fragancia clásica de los patios andaluces. Florece en blanco desde junio hasta octubre y perfuma sobre todo al atardecer y de noche, cuando la planta libera los compuestos aromáticos para atraer polinizadores nocturnos.
Es voluble y semicaduco. Necesita pleno sol y protección del frío: por debajo de -4 o -5 °C sufre daños serios. En Levante, Andalucía, Baleares y Canarias es planta de exterior sin problemas; en el interior o el norte hay que plantarla contra un muro cálido bien orientado o cultivarla en maceta.
Cerca está Jasminum officinale, el jazmín común, algo más rústico —tolera hasta unos -10 °C— con flores más pequeñas y aroma igualmente potente, y Jasminum polyanthum, el jazmín chino, que florece de febrero a abril con capullos rosados que abren en blanco y una fragancia intensísima, pero que solo aguanta heladas ligeras.
Los tres se podan al final del invierno o justo después de la floración, aclarando la maraña interior. Y los tres agradecen abono rico en potasio en primavera.
6. Madreselva
Las Lonicera trepadoras dan uno de los mejores aromas del jardín, también de tarde y de noche, y atraen esfinges crepusculares y abejorros.
Lonicera caprifolium y Lonicera periclymenum, ambas europeas y presentes de forma silvestre en España, son caducas o semipersistentes, muy rústicas y de vigor moderado, con flores en verticilos de color crema, rosado o amarillo entre mayo y julio.
Lonicera implexa, la madreselva mediterránea, es la más adecuada para clima seco: de hoja perenne, coriácea y glauca, resistente a la sequía y perfectamente adaptada al litoral peninsular.
Frente a ellas está Lonicera japonica, la más vendida por su vigor y su floración larga, que es también una especie exótica invasora con presencia problemática en varias regiones españolas. Crece tanto que se convierte en un manto que asfixia arbustos y árboles jóvenes. Existiendo tres madreselvas europeas igual de bonitas, no hay razón para plantar la japonesa.
Todas prefieren la fórmula clásica: la cabeza al sol y el pie a la sombra, con el suelo cubierto o sombreado por otra planta. El pulgón es su plaga habitual en primavera y el oídio aparece en veranos húmedos con poca ventilación.
7. Pasionaria
Passiflora caerulea es la más rústica del género y la única realmente fiable en el interior peninsular: aguanta -10 o -12 °C y, aunque la parte aérea se le hiele, rebrota desde la raíz en primavera.
Trepa con zarcillos, así que necesita una malla o una celosía. Crece muy rápido, entre 3 y 6 metros, y florece de junio a octubre con esa flor inconfundible de corona filamentosa azul y blanca, que dura solo un día. Después produce frutos ovoides anaranjados, comestibles pero sosos y sin interés gastronómico. El maracuyá de verdad es Passiflora edulis, bastante más friolero y solo cultivable al aire libre en el sur y en Canarias.
Quiere pleno sol, suelo bien drenado y riegos moderados. Se poda con fuerza a finales de invierno, cortando incluso a 50 cm del suelo, porque florece sobre los brotes del año. En Andalucía y Levante suele atraer a la mariposa Agraulis vanillae, cuyas orugas se comen las hojas: es un daño estético, la planta se recupera sin problema, y merece la pena tolerarlo.
8. Plumbago
Plumbago auriculata, sudafricano y antes llamado P. capensis, da el azul celeste más limpio que se puede tener en un jardín español, en ramilletes continuos desde mayo hasta noviembre e incluso todo el año en la costa.
No es una trepadora: es un arbusto sarmentoso de ramas largas y flexibles. Para que cubra una pared o una verja hay que guiarlo y atarlo; abandonado a su suerte forma una mata desordenada de metro y medio.
Necesita pleno sol —en sombra apenas florece— y muy poco riego una vez establecido. Es una de las mejores opciones para jardines mediterráneos de bajo consumo de agua. Resiste hasta -4 °C; con heladas más fuertes pierde la parte aérea pero rebrota desde la cepa si la raíz no se congela.
La poda es imprescindible y hay que hacerla a finales de invierno, rebajando entre un tercio y la mitad, porque florece sobre el crecimiento del año en curso. Un plumbago sin podar acaba pelado por abajo y con las flores solo en las puntas.
9. Traquelospermo
Si tuviera que recomendarse una sola trepadora perenne para España, sería Trachelospermum jasminoides, el jazmín estrellado o falso jazmín. Reúne todo lo que se le suele pedir a una: hoja perenne, coriácea y brillante todo el año, porte controlable de 4 a 6 metros, ninguna plaga seria y una floración blanca en mayo y junio con un perfume intenso que llena un patio entero.
Es voluble y además emite raicillas que le permiten agarrarse a superficies rugosas, aunque va mucho mejor con una guía. Resiste hasta unos -10 °C, admite pleno sol y media sombra, y en verano el follaje adquiere tonos bronce y rojizos si le da mucho sol.
Su único inconveniente es la paciencia: los dos primeros años crece muy despacio, mientras monta el sistema radicular, y mucha gente lo da por fallido justo antes de que arranque. A partir del tercer año coge velocidad. Segrega látex blanco irritante al podarlo.
Para zonas más frías está Trachelospermum asiaticum, algo más rústico, de hoja menor y flor cremosa.
10. Solano
Solanum laxum, antes conocido como Solanum jasminoides y llamado a menudo jazmín de papel, es una trepadora sudamericana voluble, de crecimiento muy rápido y floración extraordinariamente larga: racimos de flores blancas o azuladas de cinco pétalos desde mayo hasta diciembre, y prácticamente ininterrumpida en el litoral.
Es semipersistente: en clima suave conserva la hoja, en zonas frías se deshoja. Resiste hasta unos -5 °C. Quiere sol o media sombra, riego regular en verano y una poda de aclareo a final de invierno, porque tiende a formar una maraña de tallos finos.
Existe también Solanum crispum, de Chile, con flores violeta y algo más resistente al frío. En ambos casos, los frutos son tóxicos, como corresponde a una solanácea ornamental: convienen advertencias si hay niños.
Cómo escoger la tuya
Para cubrir una pared lisa sin poner soporte: hiedra. Es la única de la lista que lo hace sola.
Para sombra o media sombra: hiedra, akebia, jazmín de invierno y madreselva. El resto necesita sol para florecer.
Para perfume: traquelospermo en mayo, jazmín real de junio a octubre, madreselva en primavera y akebia en marzo. Ponlos donde te sientes, no al fondo del jardín.
Para pantalla verde todo el año: traquelospermo si quieres algo elegante y aromático, hiedra si buscas rapidez y sombra, madreselva mediterránea si tu clima es seco.
Para clima frío de interior peninsular: hiedra, jazmín de invierno, akebia, pasionaria y madreselvas europeas. Descarta plumbago, solano y los jazmines de flor grande salvo en maceta que puedas resguardar.
Para maceta en balcón: traquelospermo, plumbago y solano se comportan bien en contenedor grande, a partir de 40 litros y con riego regular.
Para bajo consumo de agua: plumbago, madreselva mediterránea y pasionaria, todas una vez establecidas.
Errores frecuentes al plantarlas
Plantar pegado al muro. Al pie de una fachada el suelo suele ser escombro de obra, está seco por el alero y calienta muchísimo. Separa el cepellón 30 o 40 cm de la pared e inclínalo hacia ella.
Poner el soporte equivocado. Una voluble no sube por un pilar grueso ni por una pared lisa, y una sarmentosa no sube por nada si no la atas. Decide el soporte antes de comprar la planta.
Pegar la celosía al muro. Deja al menos 5 cm de separación entre la celosía y la pared para que los tallos puedan rodearla y para que circule el aire. Con la celosía atornillada a ras, la planta no tiene por dónde agarrarse.
Podar en el momento equivocado. Regla general: las que florecen en primavera temprana sobre madera vieja —jazmín de invierno, akebia, madreselva— se podan justo después de florecer. Las que florecen en verano sobre brotes del año —plumbago, pasionaria, solano— se podan a finales de invierno. Equivocarse cuesta una temporada de flores.
No pensar en el mantenimiento a diez años. Una trepadora vigorosa contra una fachada de tres alturas significa una escalera y media jornada de trabajo cada año. Si no vas a poder hacerlo, elige una especie de vigor moderado.
En resumen
Antes de mirar la flor, mira tres cosas: cuánto frío hace en tu zona en enero, cuántas horas de sol directo recibe el sitio y qué sistema de agarre tiene la planta. Con esos tres datos la elección se hace casi sola.
Para la mayoría de jardines y terrazas españolas, el traquelospermo es la apuesta más segura si buscas hoja perenne y aroma; la hiedra, si el problema es sombra y cobertura rápida; el plumbago, si quieres color en un jardín seco y soleado; y la pasionaria, si necesitas velocidad y resistencia al frío. Y evita Lonicera japonica e Ipomoea indica si vives cerca de un espacio natural: hay alternativas igual de bonitas que no se escapan del jardín.