Cuando alguien busca una trepadora que tape una celosía de dos metros en una sola temporada, sin riego, sin abono y sin cuidados, casi siempre acaba llegando al Senecio angulatus. Y funciona: hace exactamente eso. Lo que conviene saber antes de plantarlo es que esa misma facilidad tiene una cara menos amable, y que en el litoral español esta planta ha dejado de ser solo una ornamental.
Origen y aspecto
Senecio angulatus es una asterácea originaria del sur de Sudáfrica, sobre todo de la provincia del Cabo Oriental y de KwaZulu-Natal, donde crece en matorrales costeros y bordes de bosque. Se conoce como senecio trepador o hiedra del Cabo, aunque no tiene ningún parentesco con las hiedras.
Es una liana suculenta perennifolia. Los tallos son carnosos, cilíndricos y quebradizos, verdes cuando jóvenes y algo leñosos con los años, y alcanzan sin dificultad 5 o 6 metros, más si encuentra dónde seguir.
La hoja es su rasgo distintivo: alterna, gruesa y carnosa, ovada o triangular, de 3 a 7 cm, de un verde brillante casi lacado, con el margen provisto de unos pocos dientes angulosos muy marcados que son los que dan nombre a la especie. Al tacto resulta claramente suculenta, cosa que ninguna hiedra verdadera es.
Una floración a contracorriente
Lo más interesante de esta planta, y lo que menos se cuenta, es cuándo florece. En el hemisferio norte lo hace entre noviembre y febrero, en pleno invierno, cubriéndose de corimbos densos de capítulos amarillos de aroma dulzón bastante penetrante.
Es una herencia directa de su origen austral: en Sudáfrica esa es su primavera. Al traerla al hemisferio norte mantuvo el calendario invertido, y el resultado es una trepadora que da color y néctar cuando prácticamente nada más florece en un jardín mediterráneo. Las abejas y los sírfidos la aprovechan a fondo en diciembre y enero.
Después produce aquenios con vilano plumoso, esos pelillos que dispersan la semilla con el viento igual que un diente de león. Este detalle importa, y luego veremos por qué.
Cómo trepa (y cómo no)
Aquí hay que ser preciso, porque se vende como trepadora y la palabra induce a error. Senecio angulatus no tiene zarcillos, ni ventosas, ni raíces adherentes, ni tallos volubles. No se enrosca ni se pega a nada.
Lo que hace es apoyarse: emite tallos largos y flexibles que se recuestan sobre lo que encuentren y van formando capas superpuestas hasta constituir un manto compacto. Es la estrategia típica de las lianas de matorral.
En la práctica esto significa dos cosas. Primera: no subirá por una pared lisa. Necesita una celosía, una malla, una verja, un seto o cualquier estructura donde apoyarse, y en los primeros meses conviene atar algún tallo para orientarla. Segunda: una vez que ha cogido volumen, se sostiene sola por acumulación de masa, y pesa. Una celosía de plástico o una malla ligera pueden ceder bajo un senecio de cinco años cargado de agua tras una tormenta. Calcula el soporte con margen.
Cuidados
Son mínimos, y esa es la razón de que se plante tanto.
Exposición. Pleno sol es su sitio ideal, y ahí compacta bien y florece a tope. Tolera media sombra sin problema, aunque se vuelve más laxa y florece menos. No le afecta el sol directo del verano español, ni siquiera en el sureste.
Suelo. Cualquiera, con una sola condición: que drene. Vive en suelos pobres, pedregosos, arenosos, calizos o compactados. Lo único que no perdona es el encharcamiento, que le pudre los tallos carnosos por la base.
Salinidad y viento. Es muy tolerante a la brisa marina y al salitre, lo que la convierte en una de las plantas más resistentes para primera línea de costa, donde muchas otras trepadoras se queman.
Riego. Riega una vez por semana el primer verano, mientras enraiza. A partir de ahí, prácticamente nada. En el litoral mediterráneo sobrevive con la lluvia; en interior seco, un riego profundo cada tres o cuatro semanas en verano basta y sobra. El exceso de agua es el error más habitual con esta especie: produce tallos blandos, alargados y quebradizos.
Abonado. Innecesario. Con un suelo pobre da un porte más denso y compacto; con abono se dispara y hay que podarla más.
Frío. Es su limitación. Aguanta bien hasta unos -2 o -3 °C. Por debajo de eso los tallos suculentos se hielan y se ennegrecen, aunque si el frío es breve suele rebrotar desde la base en primavera. Con heladas repetidas o por debajo de -5 °C, muere. En la práctica es una planta de litoral mediterráneo, Andalucía, Baleares y Canarias; en el interior peninsular y en el norte hay que cultivarla en maceta y resguardarla, o buscar otra especie.
Poda. Tolera absolutamente cualquier cosa. Puedes rebajarla a un palmo del suelo y volverá. Lo razonable es un repaso anual a finales de invierno, después de la floración, recortando lo que se salga del soporte y aclarando el interior, que con los años acumula tallos secos. Si necesitas un corte drástico, marzo es el mejor momento.
Multiplicación
Es casi imposible fallar. Corta un trozo de tallo de 15 o 20 cm, quita las hojas de la mitad inferior, deja secar el corte un par de días a la sombra —esto es importante en una planta suculenta, porque evita que el corte fresco se pudra— y entiérralo en un sustrato arenoso ligeramente húmedo.
Enraíza en dos o tres semanas en primavera u otoño. De hecho, cualquier tallo que toque el suelo enraíza solo por los nudos, sin ninguna intervención. Esa facilidad es también parte del problema que viene a continuación.
El problema: es una invasora
Esto hay que decirlo con claridad, porque muchas fichas de esta planta lo omiten y no es un detalle menor.
Senecio angulatus está naturalizado en buena parte del litoral mediterráneo español, en Baleares y en Canarias, y se considera una especie exótica invasora en toda la cuenca mediterránea, además de en Australia, Nueva Zelanda y California. Escapa de los jardines por dos vías simultáneas: las semillas con vilano vuelan lejos, y cualquier resto de poda tirado en un descampado enraíza.
Donde se establece, forma mantos densos que cubren completamente la vegetación autóctona, le impiden la luz y la eliminan. Es especialmente dañina en acantilados costeros, sistemas dunares, taludes y ramblas, hábitats mediterráneos que ya están de por sí muy presionados y donde crecen muchas especies con distribución restringida.
La conclusión práctica es sencilla y no exige renunciar a ella por completo:
Si vives cerca de la costa, de un espacio natural protegido, de una rambla o de una zona de matorral, no la plantes. Hay alternativas que hacen lo mismo sin ese riesgo.
Si la plantas en un entorno urbano cerrado, córtale los capítulos florales antes de que sementen y, sobre todo, no tires nunca los restos de poda al campo, a un solar ni al contenedor de vegetales si acaban en compostaje abierto. Deben ir a bolsa cerrada y a residuo, o secarse al sol hasta quedar completamente deshidratados.
Como alternativas de efecto parecido y sin ese comportamiento, en clima cálido funcionan bien el Plumbago auriculata guiado sobre celosía, el Trachelospermum jasminoides si puedes esperar dos años, y la Lonicera implexa, madreselva mediterránea nativa, perenne y resistente a la sequía.
Toxicidad
Como muchos miembros del género Senecio, contiene alcaloides pirrolizidínicos, compuestos hepatotóxicos de efecto acumulativo. No es una planta que provoque accidentes por contacto ni un peligro para tener en un jardín, pero sí conviene no dejarla al alcance de animales que ramoneen y evitar cualquier uso como forraje o en infusiones. También merece la pena tenerlo en cuenta si hay niños pequeños y conejos o cobayas sueltos.
No confundir con la hiedra alemana
Se confunde con frecuencia con Delairea odorata, antes llamada Senecio mikanioides y conocida como hiedra alemana o hiedra del Cabo, otra sudafricana también naturalizada en el litoral español y también invasora.
Distinguirlas es fácil: Delairea odorata tiene hojas finas, membranosas y claramente lobuladas, con forma de hoja de hiedra, y tallos volubles que se enroscan. Senecio angulatus tiene hojas gruesas y carnosas, con unos pocos dientes angulosos en lugar de lóbulos, y tallos que se apoyan sin enroscarse. Ambas florecen en amarillo y en invierno, lo que aumenta la confusión.
En resumen
Senecio angulatus es una liana suculenta sudafricana de crecimiento rapidísimo, hoja perenne carnosa y floración amarilla en pleno invierno, que se conforma con pleno sol, suelo pobre y prácticamente nada de agua, tolera el salitre y se multiplica con un trozo de tallo. Como planta de bajo mantenimiento para tapar deprisa una celosía o una verja en clima cálido, cumple sin discusión.
Su límite es el frío, en torno a los -3 °C, y su verdadero inconveniente es que esa misma facilidad la ha convertido en una invasora seria del litoral mediterráneo. Si vives junto a la costa o cerca de un espacio natural, elige otra cosa. Si la plantas en ciudad, gestiona los restos de poda con cuidado y no la dejes sementar: es lo mínimo que se le puede pedir a quien cultiva una planta con ese historial.